"Nunca es tarde si la dicha es buena", dice el famoso refranero español. Han pasado exactamente 3 meses desde que llegué a Alcalá.
Ha llovido mucho desde que llegué cargada de maletas y la dorada luz bañaba los infinitos planos de ladrillo de la ciudad. Ahora, en este largo Diciembre, la oscuridad a las seis de la tarde baña las fías calles...pero la sensación es la misma que tuve cuando llegué.
Este lugar me resulta familiar.
Podría hablaros de tantas cosas vanales que he decidido hablar de la más vanal. El Trayecto desde la puerta de mi cuarto hasta la Facultad. Lo hago todos los días y a todas horas, así que acotaremos un poco más.
Os voy a hablar de mi último trayecto, el que he hecho esta tarde a las cuatro y del que vuelvo, a las ocho.
Los segundos en el ascensor son siempre la misma operación. Hay una voz femenina que sale, (para algo estuve dos años en una residencia femenina) y me obliga a mirarme al espejo. Después me río iróicamente porque la pregnta es: ¿acaso esperas algo distinto?. Tiendo a apartar la vista fácilmente. O al menos eso hacía. Ahora me miro un poco a los ojos, como si no me reconociera.
Después cruzo todo el portal, el soportal... y llego a la Gran Vía Complutense. En la esquina, la gente espera el autobús y son mi promer referente :" oh Dios, todos van con abrigo y yo en manga corta". Detrás está la señora de la Funeraria de la cual otro día haré un capítulo aparte. Fuma su cigarro a las diez de la mañana en la puerta, mientras observa a los mortales (esta frase es excesivamente mordaz). Casi siempre me mira a mí y exhala el humo. Me mira de arriba a abajo. Las primeras veces me obligaba a mirarme en su gran ¿escaparate? funerario y tocarme el pelo. Después me di cuenta de que esa señora tiene un don: le pasa como a la de Cuarto Milenio. Nos mira, y vé cómo y cuándo vamos a morir. Pero eso son apreciaciones de una esquizofrénica como yo. Nada serio.
Toda la Avenida Complutense (antes tan adorada por mí por su solitario contenido) es ahora esquivado. Paso por una paralela (no sé el nombre ni quiero saberlo) donde casi siempre me fijo en lo mismo.
En la esquina, una farmacia típica de pueblo. Después una tienda de camisas, de ropa, de ropa interior, una joyería, un soportal con una floristería, una iglesia, un banco, un bar, y un par de comercios más. Las aceras son estrechas y al final acabas rozando tus manos y tu vista con todo el mundo. Me he sorprendido buscando cercanía en esta anónima ciudad.
Junto a la iglesia hay un andamio desde que llegué. Tiene una tela naranja tirando a dorado absolutamente preciosa. El día que la quiten el edificio dejará de ser el mismo. Es la típica lona que filtra la luz y que colocan para evitar enseñar el edificio desnudo en sus imperfectos. A mí me parece una piel maravillosa.
Los árboles son bajitos y de copa ancha. Algunos tienen frutos. La vegetación tan adorada y alta de Sevilla aquí se rinde ante el frío, y en esta época está mortecina. Tras pasar por los famosos soportales de la Calle Mayor de Alcalá, llego a la Plaza Cervantes.
Y allí, tengo la sensación de siempre. De que es un lugar increíblemente bello. La gente que puedes observar es de lo más variopinta y siempre hay actividades...bien infantiles, bien culturales. Ahora, los puestos navideños y la feria del Libro me incitan demasiado.
Detrás la pista de Skate, con una torre desde la que dicen que se ve toda Alcalá...yo no he subido aun , supongo que para no decepcionarme. Ahí viven muchas cigüeñas y en frente, la Reprografía. La Pista de Skate a las siete de la tarde es un desfile de torbellinos con ruedas que dan saltos impensables y ponen música taladradora.
Por último, llego a la Calle de las Escuelas...donde lo primero que veo es una Tienda de trajes de Novia. He de reconocer que he visto un par que no están mal. Un día de estos me lo pruebo, lo pido prestado y me lo llevo al salón de mi casa para comer helado y seguir viendo Bridget Jones. Pero eso será otro tema que algún día me animaré a contar.
Esta calle está en obras también desde que llegué. Tiene un andamio incómodo que nos obliga a desfilar en fila de a uno ( frase que siempre me recuerda a Londres, la primera ciudad Europea que visité) y un par de tiendas sin importancia. Véase una copistería y un sitio de depilación Láser. ¿Significará algo que esté ahí ese local?
Y tras dos esccaloncitos y superar un apuerta tosca de madera... llegas al Convento-Escuela.
Y entonces, así, se paraliza el tiempo. Siempre tengo una razón por la que detenerme y mirar dos veces. "Es la novedad", pensarán. Bendita novedad en tal caso.
En la puerta, los compañeros que esperan. Algunos breves saludos y mirades del tipo "y esta quién es". Cariñosas palabras de otros, "siéntate aquí".
Pero esté en la asignatura que esté, esté con el profesor que esté, esté como esté el ejercicio o el examen... al final, lo importante, es cómo estoy yo.
Y aquí, en Alcalá, tranquilos: estoy más que bien.