jueves, 19 de abril de 2012

Cuarta Crónica: Recuerda quién eres

Como decía Maná, hace dos días que en mis ojos no ha dejado de llover. Ha vuelto el frío, han vuelto los cielos grises y desde no hará más de tres días, he vuelto a sacar el abrigo. En un pestañeo, hemos pasado de 20 grados, a 10.
Pero como decía, no se trata simplemente de que "Cuando en Marzo Mayea, en Mayo Marcea". Se trata de una cuestión de actitud personal, o de estado de ánimo.
Mi padre siempre dice que hay días en los que te levantas y no puedes contigo mismo, y eso es porque tienes los bioritmos bajos (ahí es cuando lo estropea, y me da una disertación sobre si debo tomar complejos vitamínicos o hierro). Yo creo que él llevará razón en gran parte, o por no decir en casi toda. Seguramente la Ciencia sea la culpable de que a veces, en nuestros ojos nunca deje de llover. Es decir, que veamos todo turbio, detrás del espejo ensuciado por el cansancio. Pero el cansancio no es de correr una carrera (o quizás sí...), es de que no hemos conseguido descansar, o vaciar, todo lo que llevamos dentro. Y se va formando esa especie de espiral sentimental, un remolino de confusión, de gritos no dados, aplausos contenidos, lágrmas atragantadas en la campanilla, y carcajadas silenciadas detrás de una carpeta o pantalla. Entonces, por dentro, nos vamos llenando, todo este aire de vida se va condensando... y una fría mañana como puede ser la de hoy, surge. Y lo hace a partir de un acto tan sencillo como regresar de clase, dejar la mochila al suelo y mirarse al espejo. Mi compañera de piso, veía "Super Nanny", y yo volvía de Clase de construcción Teórica. Ésto es fácil de reconocer: si tengo cara de Garfield + Super Nanny ( el escepticismo y la paciencia hechas carne ), vengo de la teórica. Si en cambio vengo como un "niño de Super Nanny", vengo de la práctica. Sí, pataleando puertas y dando guantazos, porque seguramente me haya dado cuenta que faltan tres días para la entrega, la gente prueba sombreaditos con moteados y yo tengo que hacer una sección constructiva por fachada desde 0. Lo sé, la culpa es mía.
Supongo que eso ha sido como la gota que colmaba el vaso. Y en cuestión de 15 minutos, el tiempo de regresar de clase, imprimir apuntes, comprar el pan, subir, dejar la mochila y... quitarme el abrigo, ha sido cuando ha sucedido todo.
Ahí estaba yo. Con esas ridículas gafas Rayban fuxias que me he comprado, en un arrebato de querer decirle al mundo, eh señores, ¡soy una arquitecta moderna y en paro!. Con ese pañuelo jipijo, un quiero pero no puedo mostrar que si pudiera, vestiría más sosa aun. Esos pitillso vaqueros gastados, esa camiseta que tanto me gusta porque es como la de Picasso, marinera. Y, claro, unas bambas blancas. El atuendo perfecto de la gafapasta sabelotodo. Evidentemente, he pensado "quién te ha visto, y quién te ve". He girado la cara, y he visto los restos del naufragio en el cuarto. La cama, deshecha en huellas de sueños, botellas de agua a modo diógenes por todas partes (supongo que Paula me pegó su remedio antiestrés: ¡¡bebe agua!!). Planos garabateados, el portátil con una película de polvo que puede ser más bien un enfoscado de áridos. Esa absurda lista de cosas que tengo pendiente desde Marzo. La guitarra con las cuerdas rotas aun, publicidad por cada rincón de cosas que después, ni me acordaré. El móvil parpadeando, el libro de García Márquez a la mitad. Salían de los cajones folios mal doblados, muchos de ellos con dibujos abstractos que después (como hace mi primo Víctor...) fruto de un cabreo, se han transformado en claves musicales, en ojos, en palabras y mensajes.
Y cuando todo estaba recogido, y me esperaban los apuntes y el portátil, ha llegado el "derrame" del vaso. Humedad, no intersticial, sino filtración máxima ya.
Al fondo, muy al fondo, detrás de un despertador, detrás de una lámpara: la foto de mi madre. La foto que hace pocos meses decidí quitar de mi escritorio y de mi mesita, porque cada vez era más doloroso tenerla delante. Y junto al espejo, he vuelto a mirar mi aparente orden, me he mirado a los ojos, y he pensado:
¿QUIÉN SOY?, ¿EN QUIÉN ME HE CONVERTIDO?

No es la primera vez que me ocurre algo así. Así que, como buena masoquista, tengo una canción maravillosa para la ocasión. "Esta Tierra", de la BSO del Rey León. No sé si lo recordaréis, supongo que muchos de vosotros sí, pero de todos modos, estoy segura de que no habéis visto este trocito de la película desde hace muchos años, y estoy segura de que por tanto, aun hay matices en los que no os habéis fijado.

Simba está atormentado por su propio pensamiento. Seguramente, en sus ojos no ha dejado de llover desde hace tiempo también. Y lleva generando ese remolino de aire y anhelo, durante mucho tiempo. Tanto, que el tiempo le ha cambiado.
Entonces, aparece esa última gotita que colma su vaso, para él es Rafiky. Es curioso, estas gotitas son absurdas como siempre. Para él un mono adiestrado, para mí una Clase de Construcción sobre cubiertas de madera del siglo diecisiete porque según la mujer, es lo que nos va a dar trabajo. (Mamá, no quiero ir al colegio, aquella gente no es para mí, decían Klaus y Kinki).
Bien, Rafiky, con sus cancioncitas y su garrote, consiguen exasperar la poca paciencia ya de Simba (el cual ha generazo el mismo "pelaso" que tenía su padre. Ojo al dato).

Y ahí se produce el primer trocito de la ESCENA del Rey Leon que a día de HOY, es la que más me recuerda a MI PROPIA HISTORIA:

-Quién eres.
-La pregunta es quién eres tú.
-Creía saberlo, pero no estoy seguro...
-Yo sé quién eres, ven aquí, es un secreto.
-Creo que estás algo confundido.
-Te equivocas, tú eres el confundido, ni siquiera sabes quién eres.
-Claro, y tú sí, ¿no?
-Claro, eres el hijo de Mufasa.
-Eh, espera! ¿Conocías a mi padre?
-Corrección. CONOZCO a tu padre.
-No quisiera decírtelo, pero él murió, hace mucho tiempo.
-No! Está vivo, te lo mostraré, sígueme. Mira ahí abajo...

Simba, está en la EXACTA MISMA POSICIÓN que yo, cuando vemos nuestro reflejo. Nos vemos, y no se sabe qué es peor, o no vemos nada, o no vemos nada que nos guste, o no vemos nada de lo que fuimos, con lo cual no podemos concretar ni quiénes somos ni quién seremos.
Está dolido. No se reconoce.

-...Ese no es mi padre. Es mi reflejo tan sólo.
-No... ahí, está él. ¿Lo ves? *ÉL VIVE EN TÍ*...

Yo volví a mirar las fotos que tuve "escondidas" todo este tiempo, y las cuales he sido incapaces de mirar de nuevo. Y entonces, aquí es cuando mi camino se separa del de Simba. Él tiene la suerte de poder contemplar, en las estrellas, un nuevo mensaje de su padre, tras haber visto en su propio reflejo, la expresión del rostro paterno:

_¿Simba?
-¿PADRE?
_Simba, me has olvidado. Has olvidado quién eres, por tanto me has olvidado. Mira en tu interior.
-Cómo voy a regresar, no soy el mismo.
_*RECUERDA QUIÉN ERES*

Simba se queda, tras ésto, destrozado. Está sentado en la fresca hierba. Mira al cielo, como los que preguntaban : "Galileos,¿por qué estáis ahí, mirando al cielo?". Y necesita un segundo de silencio. Como el que he necesitado yo después de ver todo este trocito de película de nuevo.
Aparece Rafiky de nuevo, que representa la coitidianeidad, lo efímero, lo vanal, lo pesado y lo divertido. Representa su día a día, es el guiño a su pasado pero también es la pequeña carga que le ha hecho darse cuenta de muchas cosas.
Yo también he vuelto a mi vida cuando en ese momento, ha sonado la puerta y ha aparecido otra compañera de piso.

Simbra reflexionó:
"Si regreso, tendré que afrontar el pasado... y llevo tanto tiempo huyendo de él..."

Y Rafiky le explica, que hay dos maneras de afrontar el pasado, que siempre duele. Uno, es huir de él. Tanto hasta olvidar a todos, olvidar de dónde vienes y quién eres. Otra opción, es encararlo (tomar la vida, de frente, para así aprender a conocerla, a quererla por cómo es, decía Virginia Woolf) y aprender de él.

Simbra, regresó a su casa, a hacer justicia con su pueblo, a salvar a Nala y a su madre de las garras de la traición más dolorosa, la de su propio tío. Y así, con ese acto, consiguió mantener vivo a su padre. Asumió su papel en el "Ciclo de la Vida", y aprendió a vivir con el "Recuerdo" de su padre, pero también con la actitud de que "en cada acto que haga, puede mantenerlo vivo, si piensa en él".

Yo, he quitado todas las cosas que había frente a las fotografías de mi madre, y las he colocado de tal modo que son lo último que veo antes de dormir, y lo primero que veo antes de despertarme.
Es, otra cosa que he aprendido aquí, en Alcalá.