sábado, 7 de julio de 2012
Sexta y Última entrada: Almería
Mi padre me contó que cuando mi madre tenía mi edad, estaba obsesionada con el Cine. A mí me llamó mucho la atención ese comentario, pues desde hace dos años (aproximadamente) veo una película diaria.
No sé si lo que os voy a decir tiene sentido para vosotros, para mí sí, y me atrevo a compartirlo con vosotros porque creo que al final, la vida, nosotros, somos eso. Esa retroalimentación, esas confesiones en las que nos atrevemos a desvelar que efectivamente, tenemos veinte, trenta, cuarenta escenas (de películas, de teatro, pasajes de literatura, trozos de canciones, poesías) en nuestra mente, y el Universo conspira para que todo ello, conecte con nuestra vida. Y conocer las conxiones de los demás, es muy divertido a la par que interesante. Puede ayudarnos a comprender cómo viven la vida los demás.
¿Habéis escuchado el Segundo Movimiento de la Sinfonía número 7 de Beethoven?. El curso pasado tuve la suerte de realizar una asignatura llamada "Historia de la Música", perteneciente a la carrera "Historia del Arte", en la Universidad de Sevilla. Y aunque para mí , supuestamente, era de Libre Elección... he de decir que como todo lo bueno, está siempre presente desde ese día en que decidí matricularme. He aprendido a saber amortiguar muchos sentimientos de mi vida con esos conocimientos.
No fue en esas clases donde conocí esta obra, sino en la Película "El discurso del Rey".¿La habéis visto?.
Hace exactamente seis días que regresé de Alcalá. No seré melodramática, no la he abandonado para siempre, pero lo llevo en la sangre, inevitablemente, me produce cierta melancolía pensar que a veces la vida es simplemente la casualidad de que se junte un lugar mágico, un buen grupo de amigos, unas clases divertidas, una persona especial. Es ese pequeño escalón de diferencia entre la gente que sabe disfrutar la vida de verdad y los que lo hacen pero les cuesta un precio, y yo estoy en ese segundo grupo, pensando en cómo la felicidad puede ser una mezcla entre casualidad ¿se llamará así? y el destino.
Ese día, domingo, yo estaba especialmente intranquila. No había pegado ojo en el vacío cuarto (¡hasta con eco!), y cuando dejamos atrás la Provincia de Madrid, me invadió el terror. Seguramente sea poco valiente, la gente pasa de etapa saboreando lo mejor de una y esperando lo mejor de la siguiente, pero a mí ese salto se me hace inmenso. Y hubo un momento de silencio en mi coche.
-"No te preocues, volverás".
-"Lo sé, no es eso lo que me preocupa".
Y ahí, se produjo una conexión. Una conexión que tiene por Banda Sonora el segundo movimiento de la Sinfonía que os he citado, y la escena final del Discurso del Rey.
Lo siento si os lo desgrano, pero evidentemente, el Rey aprende a luchar contra su tartamudez.
¿Y por qué se produjo esta conexión?. Es curioso, ha sido mi primera conexión prolongada en el tiempo. En ese coche, con esos acordes en mi cabeza, los paisajes desérticos andaluces fluyendo, pude recordar nítidamente al Rey,andando por el pasillo de Palacio, acercándose hasta el micrófono para leer su discurso.
¿Qué sintió Jorge Sexto?. Seguramente miró por las ventanas de palacio, viendo paisajes familiares sucederse. Y seguramente anduvo a un compás parecido al que la sinfonía tiene. Seguro su mujer, le agarró del brazo y le dijo "todo saldrá bien". Y seguro que él pensó "en el fondo, no es eso lo que me preocupa".
Y hasta ahí quedó ese momento. Unas horas más tarde, ya estaba en Almería y me invadió una euforia momentánea al oler la sal (no, no es algo muy de Lorca, cualquier persona de Costa es capaz de olerla en el aire). Saludando, entrando y saliendo de las habitaciones, viendo fotos, recibiendo alguna que otra llamada. Y pensé que sería el momento idóneo de escribir la última entrada de este Blog: sí, diciendo que ya estoy en Almería, que es mi tierra y que me conmueve pisarla tras cuatro meses sin saber nada de ella. Después, reflexioné un poco, y comprendí que esa euforia bajaría (como ocurrió), que echaría de menos Alcalá (como ocurrió) y que el momento sería en uno tal que éste.
Tengo de nuevo esta burbuja que es mi cuarto, preparada para verme entrar y salir. Llevo ya seis días en mi casa. Y por fin, he decidido sentarme un rato a simplemente, escuchar música, e intencionadamente, he buscado esa sinfonía.
Ahora sé lo que pensó Jorge Sexto. Entró a esa habitación familiar, como lo es la mía. Miró al micrófono, su mayor pánico; como yo he mirado tantos recuerdos. Lanzó su discurso, igual que yo he comenzado a andar mis pasos de nuevo en Almería. Terminó y se quedó unos segundos en silencio, como yo hoy he parado y he decidido sentarme a simplemente, escuchar.
Y ahí, seguramente visualizó el inicio de algo. Había aprendido a luchar contra su tartamudez, había conseguido por una vez, hacer algo bien, algo que lo llevaba persiguiendo mucho tiempo. ¿Acaso nadie más siente que huye de lo que hace?.
Y seguramente, sintió de nuevo el mismo miedo que sintiría mientras recorría los pasillos hacia la habitación, pero ésta vez algo distinto, pues ahora sabe que es capaz. Que ha vuelto a luchar, pero que ha vuelto a ganar. Y cuando algo así se inyecta en nuestro corazón, nos hace diferentes , fuertes, valientes a los ojos de los demás, a nuestros propios ojos.
Sinceramente, Sevilla. Creo que he vuelto a retomarte el respeto que en Alcalá te perdí. Pero también sé que si te he ganado una vez, ahora te puedo ganar siempre.
Ha sido un placer escribir estas seis crónicas durante mi estancia de nueve meses en Alcalá. Y ha sido un placer compartir todas mis conexiones con vosotros, lectores silenciosos que no pasivos.
"Somos toda la Música que escuchamos, somos todos los libros que leemos, todas las películas que vemos y todo el Arte que maduramos".
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